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BISIBLES Y BISEXUALES. Por Dana Goin

  BISIBLES Y BISEXUALES

¿50% homo y 50% hetero? No: 100% bisexual. Un activismo que cada vez crece más y busca reivindicar su lugar en esa sigla que en ocasiones lo engloba, y en otras, lo ignora. 

Por Dana Goin

Para plotuist.blog


Que están confundides, que ya se van a definir, que son promiscuxs o irresponsables, que quieren llamar la atención. Todo esto se dice de la bisexualidad, que -en realidad- no es más que la atracción sexual y romántica hacia personas del mismo y otros géneros.

Ya lo denunciaba así el Manifiesto Bisexual de 1990, creado en conjunto por activistas bisexuales en Estados Unidos: “No confundan nuestra fluidez con confusión, irresponsabilidad o inhabilidad para comprometernos”.

Es una orientación en sí misma que desafía los extremos dicotómicos. Como la definen desde Bisexualidades Feministas, un colectivo de activismo bisexual, es una “categoría escurridiza y política”: “Tensiona con los preceptos del deseo unívoco, con la mononorma, y con la heterosexualidad y la monogamia obligatoria”, explican Ayelén e Iris. Para Selene, de Bisagra Bisexual, esta orientación sexual es “una apertura a las posibilidades, a la fluidez; eso que está entre dos categorías dicotómicas”.

¿Qué pasa con esta identidad de la que tan poco se habla?



Con B de invisibles

Ese famoso Manifiesto Bisexual -que ya tiene 30 años- denunciaba entre sus líneas: “We are tired of being analyzed, defined and represented by people other than ourselves, or worse yet, not considered at all”, algo así como “Estamos hartxs de ser analizadxs, definidxs y representadxs por otrxs que no son nosotrxs mismxs; o peor aún: de ni siquiera ser considerados”.

La invisibilización es una forma de bifobia, que se observa en la falta de información sobre las realidades de lxs bisexuales. Por ejemplo, en el informe anual de la Federación Argentina de Lesbianas, Gays, Bisexuales y Trans (FALGBT), en cuyos gráficos se detalla la identidad de las personas que sufrieron violencia, les bisexuales no aparecen. Y no es porque no experimenten violencias. Para Selene, de Bisagra Bisexual: “Sufrimos muchas violencias en común [con las otras identidades de la comunidad] pero además también tenemos violencias específicas y no son tenidas en cuenta.”

En esa misma línea, desde Bisexualidades Feministas afirman: “no todes nos sentimos cómodos con el concepto de diversidad porque consideramos que oculta -tras ese eufemismo de pluralidad- muchas de las individualidades, necesidades específicas e interseccionalidades que implican las distintas identidades”.

Si bien a lo largo de los últimos años se han dado una serie de conquistas para la comunidad LGBT de Argentina, todavía existen pocos (o nulos) datos sobre las experiencias individuales de cada colectivo. En ese sentido, Selene denuncia: “Ni siquiera tenemos números para poder respaldar nuestras demandas”.

Un estudio realizado en Australia, halló que el 67% de les bisexuales han sido diagnosticados con algún trastorno de la salud mental. Casi la mitad de elles han se ha autolesionado y ha tenido pensamientos suicidas, y aproximadamente 1 de cada 4 ha intentado quitarse la vida en los últimos años. 

Al respecto, la activista de Bisagra Bisexual aporta que, en su experiencia en encuentros bisexuales, suelen comprobar algunas de estas realidades. Una de las teorías es que esto tiene que ver con la falta de espacios seguros: “Se nos ha rechazado de la sociedad heteronormativa y, cuando encontramos un lugar que pensamos que es seguro, también se nos rechaza y se nos violenta”, indica Selene.

La investigación “Mayoría invisible: las disparidades enfrentadas por personas bisexuales y cómo remediarlas” de 2016 por parte de Movement Advancement Project señaló que las personas bisexuales representan aproximadamente la mitad (52%) de las personas LGB en Estados Unidos. Al mismo tiempo, un informe de Pew Research Center arroja que sólo el 28% de les bisexuales afirman que las personas importantes de su vida saben sobre su orientación sexual.

¿A qué se deben estos números? Es difícil saberlo, pero desde el activismo tienen algunas teorías. Desde Bisexuales Feministas afirman: “Los cuerpos y trayectorias bisexuales han sido leídos siempre desde el ojo hegemónico y mononormado de las identidades dominantes ya sean dentro de la comunidad como por fuera”.

Como si fuera una orientación “de segunda”, como si importara menos o no fuera tan “real”. “Terminamos teniendo una sensación de desarraigo, de no ser lo suficientemente hetero ni lesbiana ni gay. Sentimos que no somos lo suficientemente nada y que tenemos que estar todo el tiempo defendiendo nuestra propia identidad y existencia”, explica Selene.

Tanto Marielle Franco -activista antifascista brasilera-, o Marsha P Johnson -la “madre” del Orgullo-, como Freddy Mercurie han sufrido continuamente el borramiento de su identidad bisexual, y la categorización (inocente o no) dentro de otras identidades.

Una historia de borramientos

En Argentina, la B irrumpió en la escena con Alejandra Sardá, una activista que participaba en la organización “Lesbianas a la vista”. En un momento, comenzó a tener una relación con un hombre, y dentro del espacio se le dio la espalda. Fue en una marcha del orgullo, en 1997, cuando levantó por primera vez un cartel que decía que era bisexual. Fue un momento bisagra para el activismo LGBT del país.

Más adelante, en 2011, un grupo de activistas bisexuales realizó extraoficialmente un taller propio en el Encuentro Nacional de Mujeres de Posadas. A partir del siguiente año, ese espacio fue incluido en la agenda principal del evento y se mantuvo hasta el 2019, cuando se lo cambió por uno llamado “Mujer y bisexualidades, pansexualidades y polisexualidades”. Al respecto, desde Bisagra Bisexual denuncian: “Nos pareció un atropello bastante grave porque no se tomaron en cuenta las especificidades de cada identidad”.

Este año, y apropósito del Día de la Visibilidad Bisexual, se lanzó la Red Bisexual Argentina, con el objetivo de ser “un espacio de encuentro y reflexión por y para bisexuales”.

En el medio de todo eso surgieron “Bisexualidades Feministas” y “Bisagra Bisexual”. El primero, en 2012, luego del  ENM de Posadas, “desde la necesidad de contar con espacios propios para la reflexión y con la participación en distintas actividades en la vía pública, compartidas con los movimientos LGBT y feministas”.

En julio del año pasado publicaron el libro “Bisexualidades Feministas: contra-relatos para una disidencia situada”. Cuenta con la colaboración de diferentes activistas, relatos varios y una impronta interseccional. “Fue escrito desde la necesidad genuina de que el activismo bisexual articulara con otros activismos. Y también para pensarnos en las múltiples complejidades de la agenda política”, explican desde el colectivo.

Por otro lado, “Bisagra Bisexual” nació en 2018, tras el Encuentro en Trelew. “Lo que nos motivó a organizarnos es que, si bien el activismo bisexual cobró mucha fuerza en los ultimos años, sigue siendo un colectivo bastante invisibilizado. También se suelen despolitizar y banalizar nuestras demandas”.

Las denuncias del colectivo bisexual son muchas, pero la necesidad de fondo es una: ser reconocides y respetades como identidad que se define en la fluidez. Sin peros: siempre bisexuales, más allá del momento, de la preferencia o de la pareja. Como rezaba el Manifiesto de 1990: “Nos enojan aquellxs que se rehúsan a aceptar nuestra existencia, nuestras problemáticas, nuestras contribuciones, nuestra voz. Es tiempo de que se nos escuche”.


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